Dicen
que se pone música
para llenar el vacío,
para evitar el silencio,
para darle sentido a un espacio.
Pero
¿y si fuera al revés?
¿Y
si se pusiera música
para darle un lugar al sonido,
para asociarlo a una imagen,
para ofrecerle un espacio?
Cierro
los ojos y escucho.
La
soledad del sonido
que cruza mi cabeza
resulta más conmovedora
que el silencio de esta habitación.
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