|
|
>>Las
generaciones aisladas poseen sus propias melodías nostálgicas
que fueron populares en su juventud. Antes, los himnos tradicionales
religiosos y estatales y las antiguas canciones del pueblo los entonaba
un coro de personas distintas edades, generándose así
una comunidad de melodías nostálgicas y una comunidad
de generaciones.<<
>>La
obra principal de clemente de alejandría son los Stromata
(tapices). La filosofía de los "stromata" consiste
en recopilar retazos y fragmentos de colores brillantes procedentes
de algo que antes constituyó un todo y formar un un colorido
mosaico que representa algo nuevo, lo que constituye prácticamente
un pensamiento estético. En la cultura de una antigüedad
más próxima a nosotros gozaron de gran difusion los
centones -mosaicos verbales ("tapices") en los que en
los que se describían acontecimientos de la historia cristiana
a través de estrofas elegidas de distintas obras de de autores
antiguos. Los templos Cristianos se construyeron aprovechando en
la medida de lo posible elementos y bloques de templos anteriores.<<
"Poemas
sobre la muerte.
El fantasma del eclecticismo."
Komar & Melamid.
1988/89 (?).
VIAJE DE MEMORIA A LAS TIERRAS MÁS ALLÁ DEL MAR DE
ARAGÓN.
Por el licenciado Bonilla, bajo el reinado de Bush, el segundo con
este nombre.
Folletín
en indeterminados tiempos. Primera entrega.
Un viaje de memoria. No sé muy bien dónde voy ni cómo.
Iré hacia Aragón y pararé en un lugar indeterminado.
Sólo me guiaré por la información recogida
en la enciclopedia Espasa, escrita antes de 1911. Lo que recuerde.
Busco lo exótico del lugar descrito -escrito. Con ese límite
viajo adelante.
No apunto nada. Casi ni leo la enciclopedia. Es una excusa más,
en el fondo. Escribiré, de memoria, lo que creo que ha sido
la historia de un territorio. Lo que vea. Entre hoy y lo leido noventa
años nos separan. Un buen arco temporal. Un corchete más
en los libros de historia. Período más allá
del mar de Aragón. (1911-2002). Espero encontrar algo de
estos setenta años. O de otros años; tengo una memoria
muy desorganizada; todo se mezcla. Pretendo viajar por este arco
temporal. Quizás pretencioso. Ingenuo seguro.
Hace frío. Llueve desde que salimos de Barcelona. Conozco
la autopista. He ido a Madrid antes. Siempre me ha gustado la velocidad
de la carretera. Viajar, perder paisajes. Desde pequeño me
ha intrigado lo que había más allá del recorrido
estricto de cada verano, de cada fin de semana. Que escondían
los desvíos de la carretera. Las salidas de la autopista.
Esto me pasa por no leer -Julio Verne, Dumas... Almorzamos después
de Lleida. Pasamos por Zaragoza. Busco el Ebro, y no lo encuentro.
Miro el mapa, y sé que lo hemos cruzado; pero yo no lo he
visto. Siempre he sido muy despistado, y no me importa haber perdido
el río. De hecho me gusta. Empiezo a perder las coordenadas
cartesianas. Miro el mapa: sé que estoy a la izquierda (subiendo)
del Ebro; pero aún no he cruzado el río. ¿He
perdido el río o él ha conseguido que sea yo el que
me pierda? Supongo que es esto último. Un río no se
pierde. Un poco perdido y encantado de estarlo, he abandono Cataluña,
ese país que jamás existió. Empiezo a perderme
en mi memoria. Bien. El mar de Aragón. Aún no sé
que es lo que significa. El cartel indica pesca. Me extraña.
Me extraño. Toros gigantes y paisaje lunar: el decorado del
viaje Madrid-Barcelona.
Me invade la sensación de haber llegado en un lugar de la
mancha. [O el mediterráneo redescubierto por Europa -Cotlliure,
Cadaqués, Sorrento]. El campo, esa región mítica
de los urbanos. La naturaleza.
Me he topado con todos estos tópicos, y más. Ya no
quedan costas vírgenes, templos griegos por descubrir, langostas
que pescar. Paseo entre olivos.
Aquí conviven la iglesia mudéjar con el altar barroco,
el silo franquista y la parabólica demócrata: la historia
no existe. No hay memoria: hay uso. No hay museo: las cosas o se
utilizan o se abandonan. Queman. Y al usarse, aún, me acerco
a la realidad de estas piedras, cemento, objetos. Creo que aquí
se vive, en parte, como hace cincuenta, ochenta, cien años.
Quizás más. Y esto me permite entender este pasado
próximo.
Fuera de la autovía, ya. Hace un poco de sol, pero es
tarde, y tampoco calienta mucho. Carretera nacional. Comarcal. Regional.
No lo sé. Pueblos con nombres árabes, catalanes, castellanos,
vascos. Tampoco lo sé. Llegamos a este lugar incierto, convencido
de mi viaje anacrónico armado con mi memoria, fe y hambre.
Desde aquí la autopista es una línea que corta el
paisaje.

(Espero completar seis entregas de este desfolletín in/deformativo,
aturismo ainmaginado, rememoria anacrónica.)
|
|