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Alejado
del centro me desenvuelvo realmente mejor. Un centro que nunca estuvo
centrado, una periferia que la instalaron mucho antes de llegar
a ella. En el centro de la periferia, la sensación de estúpido
va calando.
Paradójicamente,
me conviene estar centrado para poder discernir qué es y
dónde está exactamente el límite y los radios
de este centro que todo lo centra. En un radio corto, los centros
y las periferias se confunden, los actos también. Más
bien los actos confundidos, escapistas y sin centro hacen y rehacen
los centros y los excéntricos. En política -en todo,
claro- no es político descarrilarse. Está prohibido.
Se tolera lo que todos ya sabemos -ahora y aquí- y que no
es preciso volver a recordar. Mientras, una cámara registra
todo lo que estoy haciendo en este reducido campo de visión/filmación
que por un momento creí periférico. La cámara
me hace dudar; ¿es, ahora ya, centro -al ser vigilado-? o
por el contrario -lo opuesto, lo mismo...- ¿se necesita una
periferia controlada o, al menos, registrada?
En
este devenir, que nunca fue externo -no me moví en la última
media hora- la cámara capta una figura -la mía- quieta.
Y ya está. Un proceso de archivo, un documento efímero
-la cinta se borrará en diez días-, un cámara/autómata
sin voluntad de plano ni de encuadre. Una panóptica donde
no hay nada que ver.
Una
música empieza, acaba, vuelve a empezar pero ya por la mitad.
Al mismo tiempo -en el mismo lugar- alguien la está analizando.
La juzga. Se toleran mutuamente. Él y su banda sonora en
una zona teóricamente periférica. Esto es un ejemplo,
tómese como tal.
Una composición formal -juez + juzgado- en un espacio corriente
-pongamos una habitación de hotel-. El primer indicio de
descolocación periférica -es decir, de recolocación
en un centro- puede ser el mismo hotel. Más evidente: el
papel de juez. Y, claro está, el carácter profesional
de la escena. Analizándolo se ve que no hay nada de casual;
hay un microsistema, un hábitat elegido por el juez -quien
controla- y no por el juzgado. Fácilmente puede cambiar esta
posición de control: hay juzgados que necesitan del juez
para desenvolverse más rápidamente en un entorno turbio.
El microsistema, el hábitat, no se alteraría con este
cambio.
En
el resultado de su trabajo él ya terminó su escrito.
Se mueve de la periferia -suponiendo que partiese de allí-
al centro. Su opción ha sido archivada. En la espera, puede
haber otro movimiento, la fluctuación entre un punto y otro
es la característica -y valor- de esta persona. Muchos lo
aplauden.
Suponer que partió de una periferia... Es mucho suponer
en la mayoría de los casos, pero también es cierto
que ellos así lo creen. Mientras, hay una cámara que
lo documenta.
Tenemos,
por una parte, quien se movió -constantemente- de un centro
a otro centro más periférico -o viceversa- al practicar
y profesionalizar un acto que no quedó en lo íntimo.
Por otra parte estoy yo, que realmente sigo sin saber exactamente
dónde me encuentro. Éste -yo- podría ser otro,
no importa.
Aquí
no empezaría la historia, que ya terminó para otros.
Su visualización en perspectivas mutantes ayuda a no quedarse
con lo enfocado. Este es el error de sus cámaras y de quienes
creen en ellas, especialmente para criticarlas.
Centro
y periferia no es un debate entre el bien y el mal, claro. Hay opciones
más interesantes o, por decirlo de alguna manera, menos criminales.
Pero nunca en binomio... En las tangentes hay más mundos,
más centros, más ansias de centros, más reivindicaciones
de la periferia y periféricas. Hay subtítulos obvios,
comerciales, inteligentes y personales. Hay tangentes en las tangentes,
hay pérdidas.
En
una revisión médica, o en una económica, el
sujeto siempre es el otro. Uno cualquiera, no importa. Revisando
la Historia, también fue cosa de otros. Revisar esta historia
y encontrar lagunas, omisiones, fallos. Volver.
Aparece
el Presidente del Gobierno español y declara: "Cataluña
no es la periferia de España". Oigo la palabra periferia
y me doy cuenta de que hablamos de cosas distintas, como en todo
-supongo-. Yo intentaba hablar de algo real y no de ese imaginario
colectivo y doloroso que es España, Cataluña... Algo
así nunca podría ser periferia, claro. Sólo
hay dinámicas de poder y metodologías demagógicas
en sus asuntos, imposible que convivan con una acotación
de centro/periferia. Me imagino al Sr. Saddam Aznar a punto de caducar,
descomponiéndose en su propia mierda. Pero el problema nunca
fue él, sino sus cómplices anónimos. Un poder
de tergiversación y cientos de miles de criminales que esconden
su delito tras un voto de confianza.
Un
centro es más operativo desde la periferia, pues cuenta con
estructuras de poder menos rígidas al estar encubiertas.
Sus operaciones, pero, no dejan de tener aquello que quieren ocultar...
Sus planes son tales que nunca podrían convivir en una periferia
real. En el currículum de cualquier aspirante debe constar
un acercamiento a este centro y su constancia nunca pasará
desapercibida. La subvención tampoco.
Hay
lapsos o pistas depende de cómo se mire. Por ejemplo en dar
nombre a proyectos de estas características (cccb: centro
de etc...) que, como cualquier otro centro, centra. Esto es, desmitifica,
monopoliza, uniforma y, especialmente, colabora.
Criticar
es fácil, la autocrítica menos. Y es, precisamente
desde el centro, lo que se le pide a la periferia y donde queda
claro el límite -casi difuminado- entre unos y otros. Una
periferia sin autocrítica no es nada más que una zona
concéntrica que parte de un centro para llegar a otro, que
siempre es el mismo... Beber coca-cola o ponerse unas nike son actos
individuales y sin repercusión. Hacer propaganda de ello
sí: el radio de contaminación crece y se consolida.
Lo mismo pasa con cualquier otro icono, público y privado.
Lo público -por ejemplo Ministerio de Propaganda- y lo privado
-por ejemplo Ministerio de Propaganda y Contrataciones- vive en
cada papel impreso que se les anuncia, su centro está allí.
Aceptar una subvención económica de X no obliga a
imprimir sus señas. En la justificación anual es perfectamente
legítimo reimprimir cuatro copias con el logo en cuestión,
sólo para ellos. El círculo se rompe, ya no hay propaganda.
Estar
permanentemente en centros y periferias, odiarme por eso, esclarecer
parámetros, entender vías para una posible comprensión
de los mínimos...
Sin
propaganda hay hechos, obvio. Propagar un hecho, céntrico
o concéntrico, es establecer un virus y su dinámica,
volver a la epidemia sutil de infiltración masiva y completamente
legal. Legal de ley, claro...
[...]
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