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"(···)Y
en efecto, el proyecto global de una "Fortaleza Europa",
tal y como fue diseñado por los años 40, es hermano
ideal de la concepción de los más vastos espacios
funerales que el siglo haya soñado. Como aquella red de túmulos
gigantescos que jalonaría, en el diseño del arquitecto
visionario Wilhelm Kreis, las fronteras europeas orientales."
Blocao. Arquitecturas de la Era de la Violencia, Fernando R. de
la Flor. Biblioteca Nueva, 2000.
"Yo
no soy el que parezco ser. No sé por qué, desde niño,
desde que empecé a estudiar bachillerato, me repito frases
urdidas en torno al verbo ser, a la manera de ejemplos gramaticales
que aún recuerdo de memoria: Yo soy el que soy... los pocos
sabios que en el mundo han sido...Yo no soy el que parezco ser,
me repito una y otra vez, en voz alta ante el espejo de mi cuarto
de baño, en sordina cuando no estoy solo o necesito la compañía
fundamental de mi frase predilecta."
Cuarteto, Vázquez Montalbán. Alianza Cien, 1995.
Viaje
a las tierras mas allá del mar de Aragón
Por el licenciado bonilla, escribiente del Imperio
Folletín.
5ª
Entrega: MASCARADA.
El Vals desnudo de la Europa de los búnkers
-con Miguel Strogoff, Abu Nidal y otros disfraces.
Empieza el vals, en la calle, mientras un grupo de chicos y chicas
hacen coreografías mirándose en las vitrinas del museo
de arte contemporáneo, que relucen como un espejo de un salón
de baile. El tiempo, el compás, las miradas, la coreografía
remite a miles de valses anteriores, bailes de corte, salón
y confección; del gatopardo a la boda real de Sisí.
Voltes i més voltes, el món va donant voltes.
Dos chicos hacen rodar a dos chicas; mientas éstas comen
pipas, ante los escaparates; son los mismos que se reúnen
haciendo coreografías de Take That, New Kids y Fame. Hoy,
toca vals. Coreografías tipo La fama cuesta al plácido
ritmo del vals; sin mirarse, sólo a través del espejo,
y en grupo, no en parejas. Con las vueltas del vals, empiezan los
otros valses: El hijo de Sadam baila con una Bush, la modelo, rey
y reina por un día y una noche, mientras los otros invitados
se pasean por los salones. Ambiciones de todo tipo, todo vale en
un baile de máscaras: una recepción de los señores
Ferrero Rocher, la inauguración de la nueva obra de una joven
promesa en la galería de prestigio, un desfile, la nueva
colección. Todo vale en la mascarada de los vampiros.
Sabemos que conocer es una convención, un lenguaje, cultura,
artificio. Pero no sabemos que lengua utilizamos al escribir. Con
vocación políglota, pero sin ser capaces de escribir
sin un corrector; de ordenar la sintaxis sin un cortar y pegar.
Pereza por aprender el uso del gerundio; anglicismos, gali, itali,
chin... icismos no cubistas, extraños, no queridos. No sabemos
más, no sabemos escribir sin esta mezcla de incorrecciones
bárbaras y incultas. No sabemos escribir rodeados de diccionarios,
cuidando el patrimonio de ésta lengua de buey.
Hagan
juegos, señores. Aquí están todos los que cuentan;
los que no estén, no existen. Pasa en todos los guetos, familias
y partidos. Todos los clanes. Camarada K hace camarilla con los
suyos y los otros, mientras uno de cada bando baila y baila a ritmo
de Alaska, abrazados en un vals, citando a Romeo y Rómulo,
a Julieta y Remo. Un gran San Remo, Eurovisión, de poderes,
de quehaceres. Nuevos mitos, mentiras, ritos, gritos.
Las
máscaras pierden, cambian y intercambian cuerpos, nombres,
pero son las únicas necesarias para el vals: siempre tiene
que haber un lobo y una caperucita para que haya cuento. Siempre
hay alguien dispuesto a llenar la máscara del abogado, del
moderno, del virrey, del intelectual, del pasota... estereotipos
sin los cuales no sabemos vivir, negociar, amar. Uno puede habitar
varias máscaras; pero si no las habitamos, seguro que alguien
lo hará, o que seguirá, por un tiempo, sola, pero
bailando. Siempre bailando. Las máscaras bailan, incluso
vacías, sin estar habitadas. Otras te las cuelgan sin ni
siquiera darte cuenta. Otras las lanzamos nosotros ídem,
y pensamos que conocemos, que sabemos, que reconocemos una máscara.
Lo imposible, aunque lo creamos, es habitar una máscara propia,
un traje a medida.
Más
allá del mar de Aragón hay una isla fantástica
rodeada de Océano. Con siete puentes y siete puertos, Manhatan
se alza, un destino para todos los que huyen del mar más
allá; dónde encontrárse:Tokio és la
bahía de este espectáculo, de esta habitabilidad de
huida, siempre sin papeles, dispuesto a marchar cuando sea, cuando
te obliguen, cuando te echen, para volver a ser, al cabo de poco
y mucho dinero, un turista en busca de trabajo. La isla de Londres,
el puerto de Berlín, la posibilidad de Méjico... aún
hay quien busca esperanzas en Méjico, dónde hay quien
huye buscando esperanzas en Espalda MojadaTM, USA, mientras un neoyorquino
huye hacia Barcelona, a jugarse el ultimo vals en un Casino de Valencia,
y mientras, otro tanto: un aragonés se busca la vida en Argel.
Islas afortunadas, isla única rodeada del mar de Aragón,
lleno de langostas y olivas traídas por Simbad, Isla dónde
se reúne el gueto de los huyentes, todos los que han dejado
las costas de Aragón y se encuentran en las islas, todo para
encontrar una máscara con la que bailar, hacer un dúo,
parecer dinámico, encontrar esa falda verde y dorada que
tan bien te queda. Inocentes y engañados, lobos y conejos,
puerco espines de Sega y fontaneros con bigote y nombre italoinglés.
Todos bailando al son del vals, dando vueltas, comiendo pipas, mirando
una leve gota de sudor del esfuerzo del bailarín, la moda,
la onda, la oda al vals.
Théophile
Gautier baila con Tolstoi, mientras intentan fijar las fronteras
orientales de Europa. Un cartel de Forza Italia, al fondo, completa
el decorado:"Per una Europa Armata", con una espada
corta romana, defensiva, atacante, encima del mapa de Europa. Europa
gravita graciosamente sobre un azul neutro, sin África ni
Turquía que lo anclen al mundo. "-África y Turquía,
vale, pero dime, querido Gautier, dónde ponemos la frontera
oriental de Europa?
Todos
los hombres blancos con corbata y traje en blanco y negro siempre
me han parecido iguales. Me cuesta diferenciar a Cary Grant de Gregory
Peck o de James Stewart. Uno es más gracioso, el otro más
elegante, el otro feo... incluso mi abuelo se parecía mucho,
dicen, a uno de ellos. Lo sé, y no sé a cuál
de ellos. Pero soy incapaz de diferenciar rostro y actitudes de
estos hombres blancos de los cincuenta, aunque el film sea de los
sesenta. Una máscara, un tópico, una marioneta es
todo lo que puedo leer de lo que fue una vida profesional; el esfuerzo
de una estrella. Con los chinos, en cambio, no me pasa lo mismo.
Tòpicos y arquetipos.
Abu
Nidal bromea con Napoleón Bonaparte sobre el uso posmoderno
de los coches y aviones. Igualmente, sobre la finalidad de la guerra
y el sexo -fabricar más armas, más condones; y propaganda
y sentimiento de seguridad. Mientras, un simpatizante de los partidos
demócratas nacionales simpatiza con un simpatzante de los
partidos demócratas nacionalistas, y admiten, ambos, que,
al fin y al cabo, son lo mismo, que total, sólo es cuestión
de una terminación " -ista", que tampoco es tanto,
y por ser lo mismo quieren o borrar del mapa o fusionar, tanto da,
mientras acalle al otro. A su lado, mientras, el gran ladrón
de la desfachatez, Silvio Berlusconi, amante de vivir peligrosamente
(¿quién dijo eso?), ya les ha robado todo líquido
posible, como al resto de los invitados. Al fondo de todo, y, como
siempre, los últimos invitados, se cierra el cuadro con una
escena digna de Ágata Ruiz-Christie, el asesinato para que
la fiesta europea tenga, al final, su necesario toque exótico
y, porqué no, bárbaro. Miguel Strogoff, al servicio
de su majestad, se escurre detrás de una cortina y salta
hacia al jardín, después de haber ejecutado, con un
puñal chechenio y con licencia para matar, a Dzokhar Dudaev,
Amir Khattab y Shamil Basaev.
"-...Al
final, querido Tolstoi, ¿cuáles son las fronteras
orientales de Fortaleza Europa?"
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llorenç
bonet
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